“Lo que quiere decir, que la biografía sexuada de cada individuo es única. La construcción y articulación de los ladrillos de cada cual nunca “coincidirá” específicamente con la de ningún otro sujeto (sexualidad). Sí que lo hará en el plano global cromático (sexo) pero nunca en la colocación específica del color de cada uno de los ladrillos.”

Siberio Saez Sesma

El hecho sexual humano.

Para la realización de esta obra partimos del condicionamiento social que se impone nada más nacer. Según los genitales del bebé se establece si es niño o niña y a partir de eso se le empieza a tratar de una manera u otra. El género de asignación condiciona y genera, desde un primer momento, una serie de expectativas de comportamiento que no tienen porqué corresponderse con lo que realmente son.

Se entiende por género la construcción social y cultural que define las diferentes características emocionales, afectivas, intelectuales, así como los comportamientos que cada sociedad asigna como propios y naturales de hombres o de mujeres.

Este condicionamiento que se nos da a todos cuando nacemos, no va simplemente asociado a de qué color pintarán nuestra habitación y de qué color será nuestra ropa de bebé-niño/azul, niña/rosa-; conlleva además una serie de comportamientos y maneras de ser que se entiende que hay que seguir por el hecho de haber nacido niño o niña. Estereotipos que oprimen el desarrollo individual de cada persona.

Según estos patrones y estereotipos de género, se da por sentado que las niñas serán buenas, delicadas, frágiles, cariñosas, habladoras, necesitarán protección… y los niños serán brutos, no deberán llorar, emprendedores, fuertes y tendrán que proteger a las niñas.

El problema de esta clasificación de género, es que prescribe cómo deberíamos ser, en lugar de reconocernos como somos y cómo nos sentimos cada uno, cada individuo: cada humano.

La dinámica participativa GENERO:HUMANO estaba inspirada en el artículo de Siberio Sáez Sesma, El hecho sexual humano, más concretamente, en el capítulo La pared y los ladrillos.

En este fragmento, Siberio, rompe con lo dimórfico y nos propone una metáfora para explicar las múltiples posibilidades entre dos extremos -hombre/mujer-.

Nos interesa centrarnos en la capacidad, el interés de cada individuo y en la libertad para elegir y vivir su propia identidad. Con esta acción buscamos que los participantes reflexionen y se posicionen en cómo se sienten ellos y, además, cuestionar los criterios que han sido naturalizados por los que se clasifican los cuerpos.

A través de una serie de preguntas escritas en el suelo, a modo de recorrido, los participantes fueron resolviendo las cuestiones y posicionándose en cómo se sienten ellos con su género.

Es importante recalcar que hay que responder desde el “cómo me siento” o el  “cómo me veo a sí mismo” y no desde  “cómo me ven” según el color que socialmente se les ha asignado por ser hombre o mujer.

Las preguntas estaban acompañadas por datos reales, gráficos estadísticos, ilustraciones, frases, poemas… que generaban reflexión y ayudaban a comprender el tema de la acción.

Para cada respuesta tenían que elegir un tono entre toda la gama de colores que iba del azul al rosa , esto formó un código de respuestas que se fue reflejando en el lienzo.

Cada participante tenía un ladrillo en la pared (lienzo), que era único y personal. En este ladrillo personal, los participantes tenían la libertad de dividirlos según la relevancia de la pregunta y colocar en cada espacio el tono de la gama de colores que considerase que se ajustaba más a su respuesta.

El soporte fue un lienzo de 2x2m sobre el que había ya una serie de líneas dibujadas que delimitaban el espacio en cuadrados de varios tamaños. A modo de muro con ladrillos. Cada participante ponía los tonos que había escogido como un ladrillo que formaba parte de este muro. Mientras tanto, desde el fondo del lienzo emergegían dos palabras que eran el mensaje que queríamos transmitir con esta acción colaborativa.

El resultado final fue un muro formado por tantos tonos como personas y respuestas diferentes, una pared de múltiples identidades pero que juntas creaban un fondo sólido con un mensaje de inclusión desde la diversidad y para la igualdad de género.