Género humano fue una acción participativa dentro de la jornada de arte e igualdad de género, Derechos en igualdad, una iniciativa promovida por Madrid Street Art Project y el Consejo General de la Abogacía Española.

“La igualdad es una necesidad vital del alma humana. La misma cantidad de respeto y de atención se debe a todo ser humano, porque el respeto no tiene grados».

Simone Weil, filósofa.

El proceso creativo de este proyecto parte del condicionamiento social que se impone nada más nacer. Según los genitales del bebé se establece si es niño o niña y a partir de eso se le empieza a tratar de una manera u otra. El género de asignación condiciona y genera, desde un primer momento, una serie de expectativas de comportamiento que no tienen porqué corresponderse con lo que realmente son.

Se entiende por género la construcción social y cultural que define las diferentes características emocionales, afectivas, intelectuales, así como los comportamientos que cada sociedad asigna como propios y naturales de hombres o de mujeres. Este condicionamiento que se nos da a todos cuando nacemos, no va simplemente asociado a de qué color pintarán nuestra habitación y de qué color será nuestra ropa de bebé-niño/azul, niña/rosa-; conlleva además una serie de comportamientos y maneras de ser que se entiende que hay que seguir por el hecho de haber nacido niño o niña. Estereotipos que oprimen el desarrollo individual de cada persona. Según estos patrones y estereotipos de género, se da por sentado que las niñas serán buenas, delicadas, frágiles, cariñosas, habladoras, necesitarán protección… y los niños serán brutos, emprendedores, fuertes, no deberán llorar, y tendrán que proteger a las niñas. El problema de esta clasificación de género, es que prescribe cómo deberíamos ser, en lugar de reconocernos como somos y cómo nos sentimos cada uno, cada individuo: cada humano.

La dinámica participativa GENERO:HUMANO toma como punto de partida el artículo de Siberio Sáez Sesma, El hecho sexual humano, más concretamente, en el capítulo La pared y los ladrillos. En este fragmento, Siberio, rompe con lo dimórfico y nos propone una metáfora para explicar las múltiples posibilidades entre dos extremos -hombre/mujer-.

Creímos adecuado centrarnos en la capacidad, el interés de cada individuo y en la libertad para elegir y vivir su propia identidad. Con esta acción buscábamos la reflexión y el posicionamiento desde el cómo te sientes y, además, cuestionar los criterios que han sido naturalizados por los que se clasifican los cuerpos.

A través de una serie de preguntas escritas en el suelo, a modo de recorrido, los participantes fueron deteniéndose en las cuestiones, aportando su visión y pensamientos en unos cuadernos que acompañaban la instalación. Las preguntas estaban apoyadas en datos reales, gráficos estadísticos, citas, etc. extraídos de un proceso previo de investigación, que ayudaban a comprender el tema general de la acción.

Además, cada participante disponía de un ladrillo en un lienzo, que era único y personal. En este ladrillo personal, los participantes tuvieron la libertad de colocar en cada espacio el tono o los tonos de la gama de colores que consideraron que se ajustaba más a su posicionamiento. La respuesta debía ser desde el “cómo me siento” o el  “cómo me veo a sí mismo” y no desde “cómo me ven” según el color que socialmente se ha asignado por ser hombre o mujer.

El resultado final fue un muro formado por tantos tonos como personas y posicionamientos diferentes, una pared de múltiples identidades pero que juntas crean un fondo sólido con un mensaje de inclusión desde la diversidad y para la igualdad de género.